Erosión de los Suelos - ¿Cómo Prevenir la Erosión de los Suelos?

Erosión de los Suelos ¿Cómo prevenir la erosión de los suelos? Leave a comment

Si en la agricultura la erosión del suelo perjudica el rendimiento de las cosechas, también en los terrenos aledaños a nuestras casas, los tengamos o no dedicados a mantener un jardín, este fenómeno provoca daños considerables que afectan la calidad de vida: polución del ambiente por el levantamiento de polvo, deterioro estético, deslizamientos de tierra y en casos más extremos derrumbes.

La erosión, o pérdida de las capas superficiales del suelo, es causada principalmente por el viento y el agua. Pero estos dos factores sólo pueden perjudicar gravemente los sitios donde existe nula o escasa vegetación, algo que se asocia fundamentalmente a ciertas actividades del hombre como la construcción, la deforestación o la ganadería, entre otras.

Un terreno erosionado presenta una fertilidad reducida, debido al arrastre constante de minerales y materia orgánica. Por tanto se hace cada vez más difícil restaurarlo y evitar que se torne totalmente estéril para las plantas, además de inestable. Esto es algo que conocen bien quienes poseen una casa en la playa o en la montaña, aunque también los habitantes de las ciudades.

La fertilidad del suelo

Es cierto que muchas veces la erosión resulta un proceso natural. No obstante, una cubierta vegetal la reduce: las hojas y los tallos amortiguan el impacto de la lluvia y el viento, mientras que las raíces ayudan a afirmar el suelo.
En vista de que la prolongada estación seca y calurosa dificulta el mantenimiento de la vegetación, es recomendable plantar el suelo con especies autóctonas, u otras resistentes a la sequedad como las cactáceas y suculentas.

También ayuda a prevenir la erosión y la esterilidad que esto provoca, el enriquecer la tierra con humus (restos animales y vegetales). Esta materia orgánica juega un importante papel preventivo, pues actúa como un aglutinador de las partículas de tierra.

Se deben evitar los desmalezamientos extremos, si las malas hierbas no se sustituyen de inmediato con plantas ornamentales.

No es recomendable tampoco aplicar tratamientos fitosanitarios tendientes a la esterilización más que al control de una plaga o enfermedad puntual del jardín.
Especial importancia reviste la acción del hombre sobre los relieves móviles: dunas y playas. La plantación sobre arena y la construcción en zonas cercanas a la costa dificulta la acción de los agentes erosivos.

Lluvias y riego

El agua es un agente erosivo muy poderoso. Y las lluvias en Chile, sobre todo en la región central y las zonas aledañas, sobrevienen de manera muy concentrada durante el año.

La lluvia afecta básicamente al suelo desprovisto de vegetación. Junto con la acción del hombre, esta situación se ve acentuada en la naturaleza por una larga temporada seca en que no crece prácticamente nada. La tierra va perdiendo paulatinamente la capa superficial que contiene materia orgánica y este deterioro con el paso de los años deriva en la desertificación, punto culminante del proceso.

Al plantar en una pendiente, debe regarse a intervalos, durante 10 o 15 minutos, hasta que el agua se filtre; luego se repite. Cuando las plantas den señales de crecimiento, se disminuye de manera gradual la frecuencia de riego, dejando que pase más tiempo entre una y otra aplicación.

El riego se debe graduar de manera que el agua salga lo más dispersa posible. Un chorro crea desniveles en el terreno

Ciclo de las especies

Es importante tener en cuenta que, mientras menos movimientos se realicen en el terreno, más se evita su desprendimiento. Las plantas anuales, que exigen un recambio constante, son una mala opción para evitar la pérdida de la capa vegetal. Cuando concluye su ciclo y se extraen, suelen retener tierra entre las raíces, aunque éstas se sacudan bien antes de tirarlas. Las plantas más adecuadas son las perennes.

Los árboles y arbustos son una excelente alternativa. En aquellos jardines donde no existe espacio suficiente para plantarlos, se pueden emplear las herbáceas, idealmente las de hoja perenne.

Es conveniente alentar la diversidad biológica plantando juntas variedades de diferentes tipos de plantas.
Para los terrenos en pendiente que no poseen vegetación, como senderos y caminos, se puede tomar medidas para disminuir la velocidad del flujo de agua: agregando elementos disipadores como troncos, piedras o cavando canaletas medianamente profundas.

Es necesario prevenir incendios, puesto que el terreno quedará expuesto durante un tiempo considerable al influjo del viento y el agua. Conviene plantar sobre los bordes de los cursos de agua, con el fin de moderar la fuerza erosiva de ésta.

Algunas plantas que previenen la erosión

Aunque el sólo hecho de plantar es una buena medida para controlar la erosión, hay árboles, arbustos y herbáceas que son especialmente recomendables para lograr este propósito.

Las coníferas son una excelente alternativa. Cabe destacar entre ellas el junípero rastrero, el pino radiata y las casuarinas. El abeto es incluso capaz de vivir en terrenos con pendientes de hasta 200%.
Entre los árboles destacan los eucaliptos y sauces, el aromo y la acacia negra, todos de alto valor decorativo. Plantados como «biombos» logran frenar el impacto directo del viento.

La paulonia tiene la propiedad adicional de regenerar los suelos donde crece.
El olivo protege el suelo y resguarda su fertilidad.
El pimiento es adecuado por su facilidad de cultivo, rápido crecimiento y capacidad de mejorar la fertilidad del suelo. Se da bien hasta en pendientes de 20 a 40%.

Los diferentes especies de arbustos resultan generalmente una opción recomendable.
Los cactus tienen la ventaja de que pueden cultivarse incluso en terrenos ya empobrecidos.
Otra opción son las suculentas como el aloe arborescens. Esta especie crece con rapidez, creando compactos muros naturales que protegen a plantas más bajas de la erosión provocada por el viento. Además, su floración aporta fuertes notas de color rojo a fines de otoño y principios de invierno.
Algunas herbáceas perennes tienen como principal ventaja su rápido crecimiento y fácil propagación; es el caso de la malva real, la agathea, los paquerettes y la dimorfoteca.

Muchos tipos de césped resultan adecuados, sobre todo los resistentes al paso continuo de personas, la sequía y alta exposición al sol, como el trébol y la dichondra.

Entre los cubresuelos especial atención merece la doca. Gracias a su capacidad de prosperar en terrenos arenosos, constituye un excelente medio de sujeción del suelo y contrarresta la acción del viento a pesar de su reducida altura.

Los diferentes tipos de hiedra perenne son muy resistentes a condiciones climáticas y de suelo adversas. Además, se compartan muy bien como cubresuelos y enredaderas.

La «espuela de galán» puede llegar a ser una planta muy invasiva, lo que en determinados casos resulta una ventaja.
El plumbago es ideal para formar cercos vivos de poca altura y para taludes orientados al norte y al poniente.

En suelos degradados también se puede plantar la amapola y el dedal de oro, combinada con especies perennes.
Los musgos inhiben la erosión del suelo y promueven la retención de la humedad del mismo.

Incluso las malezas tienen importancia en el combate de la erosión, ya que enriquecen el suelo a medida que se suceden sus ciclos de crecimiento.

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